Por David Soto Rodríguez · 6 de octubre de 2026
Lo que de verdad le cuesta a una operación de refrigerados (y por dónde se escapa el dinero sin que te des cuenta)
Cuando converso con gente de operaciones en alimentos, farmacéuticos o retail, casi siempre sale la misma frase: “es que el frío todo lo encarece”. Y algo de razón tienen. Pero muchas veces el problema no es el frío, sino cómo está armada la operación alrededor.
Te cuento dónde suele estar el detalle.
1. La cadena de frío se rompe en el andén
Todo el mundo vigila la temperatura de la cámara, y está bien. Lo que casi nadie mide es lo que pasa en los minutos en que el camión llega, la puerta se abre y la mercancía queda esperando mientras el montacargas atiende otra tarima.
Esa puerta abierta significa aire caliente entrando, compresores trabajando más y producto que se calienta justo donde nadie lo está viendo. Un buen sello de andén, cortinas de lamas y una descarga mejor coordinada cuestan mucho menos que un lote rechazado.
Un ejercicio que recomiendo: cronometra una descarga completa, desde que llega el camión hasta que la tarima queda adentro. Casi siempre te llevas una sorpresa.
2. El equipo también sufre el frío
Un montacargas que trabaja a -25 °C no es lo mismo que uno de patio. La batería rinde menos, las mangueras y los sellos se ponen duros, se forma condensación cada vez que entra y sale de la cámara y la electrónica lo resiente.
Por eso existe equipo pensado para congelación: aceite hidráulico adecuado, componentes sellados, cabinas cerradas y baterías de litio que aguantan mucho mejor. Poner uno estándar porque “total, también levanta tarimas” suele salir barato el primer mes y caro el primer año.
3. Y la persona que lo maneja
Trabajar en frío también le pega a quien opera. Se cansa más rápido, reacciona más lento y se le entumen las manos. Ahí es donde aparecen los golpes, el producto dañado y los accidentes.
Rotar turnos, dar ropa térmica de verdad y poner equipo que reduzca el esfuerzo no es un lujo, es productividad. Cuidar a un operador casi siempre sale más barato que capacitar a uno nuevo.
4. Cada metro cúbico frío cuesta
En una cámara, el espacio es dinero puro. Por eso vale la pena pensar bien el almacenamiento: racks de mayor densidad, pasillos bien dimensionados y un flujo que haga que el producto pase el menor tiempo posible fuera de temperatura.
Ojo también con el piso. El hielo, la humedad y las juntas mal selladas son accidentes y desgaste de llantas esperando a pasar.
5. El mantenimiento aquí no se negocia
En una cámara fría, una falla no es solo un equipo parado, es un lote en riesgo. Revisar baterías, sellos, hidráulicos y llantas con un calendario, y tener a mano los repuestos críticos, es lo que separa un mal rato de una pérdida fuerte.
Nada de esto es complicado, pero el frío no perdona lo improvisado. Andén sellado, equipo adecuado, gente cuidada y mantenimiento constante: con eso ya vas muy por delante de la mayoría.
En Inxyde contamos con equipos para cámaras de refrigeración y congelación, sellos y cortinas de andén para distintos tipos de operación, y sistemas de automatización que aumentan la densidad de almacenamiento en cámaras frías.
👉 ¿Quieres revisar tu operación de frío? Conversemos.
